UN “OLIVER TWIST” URUGUAYO EN UN RETRATO PARA DICKENS, DE ARMONÍA SOMERS

 

María Cristina Dalmagro – Universidad Nacional de Córdoba

 

 

1.        Las bases de la comparación

 

“Qué estampa para un libro de Dickens. Nunca hubiera creído que el mismo Oliverio Twist en persona iría a entrar a mi casa...” (Un retrato…90), dice un personaje de Un retrato para Dickens1, la nouvelle que Armonía Somers (Uruguay, 1914/1994) publicó en Uruguay, en 1969. Ya el título supone un pacto de lectura particular, aunque en principio no quede claro cuál es el hipertexto (Genette 1989) de Dickens que subyace en el de Somers. Sólo después de conocer la historia principal y a partir de una referencia a una fotografía de la niña protagonista la asociamos con Oliver Twist2 (Inglaterra, 1853). Es conocida la historia del niño huérfano criado en un orfanato y que padece de todo tipo de abusos hasta que decide escapar de ese mundo miserable y encarar solo su vida. Recordemos cómo se une a un grupo de delincuentes quienes resultan ser mediadores en la venganza de un medio hermano, Monks, cuyo objetivo es robar la herencia de Oliver. Las historias se entrecruzan, se ramifican pero finalmente se resuelven positivamente. Los orígenes de Oliver salen a la luz y el desenlace deja poco lugar a la imaginación del lector. La situación del huérfano se revierte. Pero, y he aquí el punto clave en la lectura que hace Somers de Dickens: ¿Se revierte el conflicto de los niños huérfanos que están sometidos a las injusticias y a los malos tratos en las instituciones que deberían contenerlos?; ¿Es una situación particular de un momento histórico particular (la Inglaterra de mediados del siglo XIX, época de las Poor Laws, de los Workhouses y de cambios sustanciales en la sociedad urbana) o es un problema que se reitera con modalidades similares en distintas sociedades y momentos históricos?; ¿De qué manera la problemática se mantiene vigente? Esto en cuanto a la temática; otra cuestión es el planteo estético, marcadamente diferente en ambas obras.

Pese a la complejidad narrativa de la “nouvelle” de Somers, articulación de distintas historias e intertextos, es su línea argumental principal la que permite establecer la comparación con Oliver Twist. En la novela de Somers se relata la historia de una niña hasta su ingreso a la pubertad. Es una huérfana, adoptada por una familia que poco a poco va desmembrándose y en la cual la violencia es la marca distintiva. En el inquilinato donde viven es testigo y víctima de todo tipo de abusos, violencia, carencias, hambre, escaso afecto y hasta de violación. La miseria del mundo que la rodea -el cual habitan prostitutas, borrachos, ladrones, un hermanastro loco, entre otros personajes de la galería- y la injusticia del ámbito laboral al cual debe acceder siendo muy niña, dan cuenta de una realidad sociocultural muy próxima a la representada en el texto de Dickens.

 

2. El pacto de lectura y el retrato: identificación y diferencia

 

Tres indicios previos enmarcan el texto y sirven de punto de partida para el análisis comparativo:

El título: contiene como referencia directa el apellido de “Dickens”, a la vez destinatario explícito del retrato/relato que es la nouvelle de Somers: “Un retrato para Dickens”.

Una fotografía/retrato de una niña/o ubicada antes de iniciar el texto.

La dedicatoria: “Al modelo. Al fotógrafo”.

Nos preguntamos: ¿A qué modelo se refiere? ¿A la niña que sirvió de modelo para la fotografía reproducida o a Dickens con su narrativa y con la creación de su personaje Oliver Twist? Afirmamos que a los dos. Comencemos por el retrato. En el enunciado, y aproximadamente en la mitad de la nouvelle, se relata que un “fotógrafo” (el de la dedicatoria), personaje totalmente circunstancial en el texto, debe fotografiar a la niña protagonista para un concurso en la fábrica donde trabaja. Cuando la ve, reconoce en ella a un personaje de un texto literario y afirma: “...Qué estampa para un libro de Dickens. Nunca hubiera creído que el mismo Oliverio Twist en persona iría a entrar a mi casa...” (Un retrato…90). Entonces, y tras mirarla detenidamente, recontruye en la niña la imagen de Oliver disfrazándola para lograr mayor similitud: “…reapareció con un sombrero masculino que me encasquetó sin pedir permiso, y una ancha cinta que me puso en forma de moña bajo el cuello de la blusa…[…] me colocó en las manos entrecruzadas vaya a saber qué ejemplar de su Anarquías y retornó a su puesto de observación” (Un retrato…89).              

La niña, ajena a todo lo que iba sucediendo, afirma: “Miré el libro que me había puesto en la mano y sentí como si mi corazón hubiese encontrado sus raíces”. (Un retrato…90) (El subrayado es mío).

La identificación se hizo explícita en el enunciado. El retrato, el mismo de la fotografía que se reproduce al inicio del texto, se ha reconstruido, “armado” en cada uno de sus componentes distintivos en el enunciado del sujeto fotógrafo y coincide con la imagen de Oliver construida en el texto de Dickens. La niña se sintió reencontrada inconscientemente con sus “raíces”; es la “encarnación” de Oliver. Afirma el fotógrafo: “Sé que cualquier día menos pensado voy a toparme con los personajes que se les escaparon a los genios después de darles vida” (Un retrato…90). El saber del lector se enriquece con la actualización de lo ya leído en el texto de Dickens. Toda una tradición narrativa se presentiza.

Con respecto a la foto del inicio del texto, en una entrevista Somers afirma que se la regaló la modelo cuando ya era adulta y comenta:

 

Es una fotografía de una niña muy especial, ... Al colocarle el sombrero de hombre, el moño de librepensador, un rollo de papeles en la mano, el antiguo fotógrafo cumplió con lo suyo, la interpretación plástica del ser. Al descubrir, sobre la base de algunos relatos fragmentarios, el sufrimiento humano que había detrás de ese retrato, puse lo mío de recreación.

 

Tenemos entonces: un disparador empírico del relato, extraliterario (la foto que le regaló su dueña a la escritora), asociado, por una parte, a una imagen mental producto de lectura de un texto literario de amplia difusión y conocimiento popular y académico (el Oliver Twist, de Dickens) y, por otra, una situación problemática preocupante en un lugar y un tiempo específico (marginación infantil e institutos de contención en Uruguay). Con estos elementos, Armonía Somers realiza dos operaciones: historiza y espacializa la problemática planteada en el texto dickensiano para realizar una profunda crítica, desde un lugar de enunciación diferente, a un aspecto de la realidad socio-económica-cultural del Uruguay contemporáneo a la vez que se proyecta hacia lo universal pues todas las situaciones remiten a un tronco común: el sufrimiento humano.

Si en la obra de Dickens ha influido, según afirman sus críticos, su biografía, su labor periodística (desarrollada en el Parlamento), y su sensibilidad social (lo que le posibilitó mostrar las realidades humanas más allá de los sistemas y las legislaciones), sostenemos que esta obra de Armonía Somers está marcada por sus preocupaciones que pertenecen a su actividad paralela: la docencia. Armonía Etchepare (tal es su nombre verdadero), dedicó una parte importante de sus trabajos como investigadora pedagógica al estudio de la niñez y de la adolescencia y los sistemas de represión en las instituciones carcelarias u orfelinatos. Este dato es significativo pues manifiesta una preocupación por documentarse, por estudiar y esbozar soluciones para esa zona de marginalidad que se reproduce en Un retrato… y que convoca el texto dickensiano.

Pero, en Somers esta perspectiva se amplía, tal como señaláramos anteriormente. Seleccionar intertextos bíblicos, como el libro de Tobías, (precristiano); el Apocalipsis según San Juan (dentro ya de la era cristiana); un texto de la victoriana Inglaterra del siglo XIX; sus trabajos de investigación pedagógica y articularlos con cuestiones vigentes en el Uruguay contemporáneo es una forma original de narrar una problemática que trasciende los límites de la documentación y del registro realista: las historias relatadas dan cuenta de la permanente lucha entre el bien y el mal; de la injusticia y de la opresión sobre el débil, y esto se reitera de distintas maneras a lo largo de toda la historia de la humanidad. No hay un territorio ni un tiempo determinado para que emerja el sufrimiento humano.

 

2.      El contraste: encuentros y desencuentros

 

¿Cuál es el grado de presencia de Dickens en el texto de Somers? ¿De qué manera lo lee, qué recupera, que omite, qué transforma y por qué?

Dar respuestas a estos interrogantes supone revisar las relaciones intertextuales en varios niveles: la fábula, la construcción de personajes, la resolución de los conflictos y, fundamentalmente, a nivel de la estética, las modalidades narrativas y las particularidades de la enunciación.

a. Pese a que las diferencias son por demás evidentes, en ambos textos se reproduce una atmósfera común, y algunos de sus componentes similares son:

·        El objeto de crítica: las instituciones de contención para niños huérfanos y la relegación social de un estrato socio-cultural de escasos recursos.

·        Presencia del mundo del margen: delincuencia, violencia, prostitución, falta de educación sistemática.

·        Crítica a quienes dirigen esas instituciones: Mr. Bumble, en el caso de Oliver Twist, y la “inspectora” en Un retrato… Se los representa como autoritarios, con suma de rasgos negativos. Son figuras siniestras, que inspiran terror cuando en realidad tendrían que servir de contención afectiva para los “pobres huérfanos”. Estos personajes se definen por vía del contraste entre la inocencia y la maldad en ambas novelas.

·        Otro punto de contacto: el castigo sobre el inocente y la representación de la inocencia en el personaje de un niño huérfano (un estereotipo de aquel que padece injusticias sociales);

·        También se acercan en el uso de la ironía, aunque en Un retrato… se intensifique y llegue a rozar con el humor negro y corrosivo. En ambos textos la función es de crítica al sistema.

·        Algunas operaciones narrativas son también similares: predominio de la metonimia, detención en el detalle, en el registro y primacía de la mirada como punto de partida de la representación.

b. Pero, con este fondo común, sobre esta base de una misma atmósfera turbia y miserable, se construyen textos narrativos cuyos mecanismos son diferentes. En Dickens la historia tiene un desarrollo lineal, con algunos toques fantásticos, pero, con predominio del código realista. El texto se caracteriza por una fuerte redundancia y por la previsibilidad de sus contenidos. Un final predecible deja poco lugar a la imaginación del lector. El referente es evidente y las situaciones descriptas guardan estrecha relación con él. El mundo interior del personaje apenas se insinúa y la caracterización reposa en lo superficial. Su mundo no es ambiguo. Se percibe una escritura rápida, producto de una necesidad coyuntural, con predominio de la descripción de escenas y lugares. Todos los procedimientos garantizan la legibilidad y la verosimilitud. Los nombres propios de personajes y de lugares, las referencias implícitas y explícitas a un sistema de valores institucionalizados que toman el lugar de lo real aseguran también la legibilidad del texto. Afirma Philippe Hamon: “ El proyecto realista se identifica con el anhelo pedagógico de transmitir una información…en la que se debe evitar al máximo toda inferencia que vendría a perturbar la comunicación de esta información y la transitividad del mensaje”. (Hamon 16) Esto se logra en el texto de Dickens y en este punto hay marcadas diferencias con la textualización de lo real en Somers.

 La recepción marca también otra diferencia: Dickens es un escritor popular, sus libros pueden ser leídos sin dificultad por un gran público. Su escritura es simple, sus historias creíbles, cercanas al folletín, y con un desenlace que deja felices a todos. George Wing, quien estudia los textos de Dickens, dedica un capítulo especial a revisar los “Patrones de la crítica”. Allí se plantea este interrogante: ¿Porqué es popular Dickens? Analiza las respuestas de varios críticos, entre los que cita a Chesterton, y afirma: “...porque es sano, puro...porque en él el demonio aparece como demonio y el bien como bien...” (Wing 46)

Un Retrato para Dickens, por el contrario, sorprende al lector desde el comienzo. Su trama se constituye con fragmentos intercalados de:

·        la reproducción de un texto bíblico de Tobías (transcripto con el título de “Documentos” y en cursiva);

·        la copia textual de extractos de un "Manual del Pastelero" (encontrado por la niña en un basurero), en el cual se reproducen recetas de bizcochuelo, el mayor objeto de deseo de la protagonista (también transcripto como “Documentos” y en cursiva);

·         un relato en primera persona a cargo de la niña, circular, que comienza por el final y va reconstruyendo retrospectivamente la historia para terminar en el mismo punto de partida;

·        por último, un relato a cargo de un “loro” que vive en el inquilinato en una jaula colgada en el segundo piso y es un testigo privilegiado de lo que ocurre en el patio. El loro “registra”, “mira”, detalla todo lo que observa. Hay un predominio de lo visual en su enunciado, con detención en los detalles. Además, y para descolocar aún más al lector que espera una historia contada “al estilo de Dickens”, ese loro es la reencarnación del demonio Asmodeo y une en su relato todas las líneas narrativas de los fragmentos dispersos: la de Tobías, la de la niña, la del Manual del Pastelero. ( y también categorizado como “Documentos”, aunque se mantiene la cursiva sólo en el primer fragmento. Otro rasgo distintivo es que esta sección es la única que no se intercala con las demás).

·        Un aspecto fundamental en la diferencia es que en Un retrato para Dickens, la presencia de la “filmación” como modo de documentación y captación de la realidad es otro recurso. Todo hace suponer que el saber que instaura quien filma es un saber que aproxima el objeto a la realidad. Pero, en este texto, quien realiza la operación de filmar es el loro Asmodeo. Se subvierte, por lo tanto, todo el valor de documento que ese acto podría haber tenido. El loro “registra”, habla de “celuloide”, de “primeros planos”, de “cintas” y “rollos”, pero esos rollos han sido devorados (y acá la presencia del intertexto del Apocalipsis es muy fuerte) por la reencarnación del demonio. Ya nada de lo que podría haber sido representación de lo real queda en pie.

Esta forma de organizar la historia y las modalidades discursivas son, como pudimos observar, totalmente diferentes a la de Dickens. Lo son también los recursos, el trabajo con la representación, las perspectivas narrativas múltiples, los rasgos enunciativos, el uso de las metáforas, la metonimia y el humor corrosivo. Hay una transformación del modo de narrar dickensiano, inversión de registros y desmoronamiento genérico. Hasta la extensión misma del texto difiere (novela/nouvelle) y la tipografía textual (en Un retrato para Dickens las secciones tituladas “Documento” se escriben en cursiva). Diferente también es el tratamiento de lo religioso (especialmente de lo demoníaco) y de lo fantástico. La novela sorprende, además, porque las expectativas alimentadas por el título se ven quebradas por lo inesperado del final (Kermode 1983). Los procedimientos de verosimilización se ven desmontados en un texto cuyos personajes no tienen nombre, no hay identificación de lugares, los desenlaces no son previsibles, el discurso no es transparente. Hay ambigüedad en la resolución de los conflictos, cruce de interpretaciones diferentes de los mismos hechos, personajes que no existen en la realidad con la entidad que se le otorga en el texto (el loro parlante, por ejemplo). En la representación de la realidad se contamina el discurso realista, aparentemente documental (según el nombre que reciben tres “secciones” del texto: “Documentos”, lo que crea más confusión en el lector, sobre todo en la sección en que el loro toma la palabra), con un discurso ambiguo, en que las piezas están aparentemente desarticuladas, fragmentadas. Se evidencia, entonces, una desviación de los códigos estéticos con los que Dickens construye su relato. Y esto, fundamentalmente, en función de un desenlace diferente. La lucha, la tensión entre bien y mal, no se resuelve positivamente como en Oliver Twist. Todo está contaminado por su contrario, el bien por el mal y viceversa.

¿Esto quiere decir, según la lectura que hace Somers del texto de Dickens, que la situación de marginalidad, de carencia, de injusticia sobre el inocente, no se revierte más? Es por demás sugestivo que presente tres momentos, tres hitos históricos a través de los intertextos con los que trabaja: el relato bíblico (el del libro apócrifo de Tobías, que precede a los Evangelios y el del Apocalipsis, libro final del Nuevo Testamento); el texto de Dickens, del siglo XIX y la contextualización en el Montevideo de mitad del siglo XX en donde la preocupación por la delincuencia juvenil y la marginalidad del niño ocupó páginas de diarios, revistas e investigaciones de la época. No es casual que otra escritora, Clara Silva, haya publicado también en este momento un relato en el que los protagonistas son adolescentes delincuentes, que conforman una pandilla y cometen diversos delitos. El texto se llama: Aviso a la población. Ya hicimos mención a las actividades investigativas de Armonía Etchepare en este campo. A diferencia de Dickens, que obtuvo documentación y acceso a fuentes de información a través de su actividad como periodista, Somers lo hizo a partir de su doble surtidor: la realidad como docente y las lecturas (la literatura). Así lo enuncia en una de sus entrevistas: “Y ahí sería donde pudiera encontrarse el nexo más profundo entre educar como conducir de la mano y el explorar conciencias oscuras en la otra dimensión...” (Penco 3)

Por más que en ambas novelas se tome al personaje huérfano desde su infancia hasta su entrada en la adolescencia, los dos textos suponen e instauran un saber distinto por parte del lector y modelan a sus personajes con técnicas narrativas diferentes.

De Oliver Twist sabemos que su madre era una mujer de una clase media-alta, que murió en el parto y que Oliver fue internado en el orfanato. Conocemos también el origen de su nombre, por más que haya sido producto de una casualidad o un invento del bedel del orfelinato, y por supuesto, a partir del momento en que se comienzan a develar los enigmas, sabemos también la verdad sobre su origen, su familia, su hermano y la posesión de una herencia. Hay también, una visión de un futuro más promisorio que revierte el pasado de pobreza y marginación. Pensemos en el final: “El señor Brownlow adoptó por hijo a Oliverio y se fue a vivir con él y con su anciana ama de llaves, la buena señora Bedwin, en la misma aldea donde residían Rosa y Enrique. Y desde entonces, formaron una familia extraordinariamente unida y feliz”. (200)

El propio Dickens lo afirma, en el prefacio a la tercera edición de su novela: “Deseé mostrar en el pequeño Oliver el príncipe de dios sobreviviendo a través de cada circunstancia adversa y triunfando al final” (citado por Jamison, H.R. 101)

La perspectiva es diferente: el personaje de Oliver es construido a partir de la mirada de otros personajes y fundamentalmente a partir del enunciado de un narrador omnisciente que desde el comienzo toma partido a favor del muchacho. Por ejemplo, cuando Bulble cuenta su historia, el narrador interviene:

 

Bumble, sin perder el tiempo, contó la historia de Oliverio Twist. Pero, naturalmente, aderezado con los consabidos comentarios propios de un hombre como él. En resumen, contó que el muchacho era un expósito nacido de padres de baja estofa, que desde su más tierna edad, el niño dio evidentes muestras de crueldad, ingratitud y pésimas cualidades, que trató de asesinar a un niño en una funeraria…(72)

 

Otros ejemplos completan las descripciones y caracterizaciones de Oliver. Por ejemplo, cuando lo van a dar a la casa de su protector, el señor Brownlow, las historias se contraponen. Una es la que cuenta el propio Oliver, historia de maltratos y desdichas en el hospicio y otras son las versiones que van construyendo los demás personajes que lo observan, raquítico y pequeño, con aire de desconfianza, y con desprecio. Pero, no sólo por Oliver, sino en él por todo niño que provenga de un lugar y con un origen incierto como él.

En general, se pone de manifiesto que, en el imaginario social de la época, ser huérfano y haber estado en una institución oficial durante algunos años, marca para siempre la conducta del ser humano y no exactamente con una orientación positiva. Aquí se focaliza la crítica de Dickens a las instituciones. Recordemos que en el momento en que se escribió la novela, se acababan de dictar las Poor Laws, las cuales fueron objeto de ataque por parte de Dickens. La crítica apunta a la degradación, a las condiciones infrahumanas a las que eran sometidos quienes debían vivir en esos sitios, a la autoridad incompetente encarnada en bedeles e institutrices que sólo agudizaban la situación con su indiferencia y sus malos tratos. El objetivo es mostrar la ineficacia de las instituciones de la época.

Este mundo, este espíritu está irónicamente descripto. La ironía es, según afirma Hosbaum4, uno de los recursos principales de este texto. Logra efectos distanciadores que relaciona lo inmediato, lo particular, con el mundo exterior. Se yuxtapone al reporte y crea la distancia necesaria entre realismo y sarcasmo, llegando incluso a la caricatura. Afirma: “No es un niño desamparado específico sino la sociedad en acción” (Hosbaum 40)

Este aspecto da pie a Rosemary Jackson a enunciar, en Fantasy, que en esta obra de Dickens, así como en Almacén de Antigüedades (1841) o Dombey e hijo (1848), “emplea una retórica gótica para referirse a ciertas partes de la sociedad que se consideran espantosas para la seguridad burguesa. Ladrones, locos, criminales, madres solteras, prostitutas, los pobres, la clase obrera, se representan según la convención gótica como algo horroroso, melodramático, ‘demoníaco’, ‘otro’.” (Jackson 136). De allí su afirmación de que las novelas de Dickens están plagadas de contradicciones en cuanto al uso de lo fantástico porque a la vez que se sirven de estos elementos para la denuncia, “localizan al mismo tiempo toda su energía y la vitalidad dentro de ese submundo” (Jackson 136). Y lo categoriza como “realismo fantástico”. De todas maneras, aún con estos giros que lo acercan a un discurso fantástico, la legibilidad del mensaje no se opaca en ningún momento.

En Un retrato… el saber del lector sólo provine del relato de la niña. Por lo tanto, todo está tamizado por su perspectiva personal. A diferencia de Oliver, no sabemos nada sobre su origen, se desconoce su nombre y la gran diferencia, no se percibe una reversión de la orfandad y marginalidad. La situación final la muestra rescatada de las aguas tras un intento de suicidio, sola, doblemente huérfana pues acaba de morir la mamá adoptiva, sin familia, violada por un hermanastro loco y en una comisaría contando su historia de vida. Sólo un hermanastro negro sale en su defensa para vengarla. Lo demoníaco tiene su presencia en la encarnación del demonio en el loro del inquilinato. Este “Asmodeo” toma la palabra y da otra versión de la historia contada por la niña, en la cual se completan, se modifican o se amplían algunas escenas e indicios. Además, tiene lugar una lucha entre el ángel Rafael (partícipe en el relato de Tobías) y el loro Asmodeo, en el cual triunfa el ángel. Aunque su triunfo no es total, pues el loro lo contagia con su peste y el ángel la lleva al paraíso, reiniciando el ciclo. Ambigüedad y distanciamiento de lo “real”.

En Oliver Twist también está presente lo “demoníaco”, pero más estereotipado y con una representación discursiva diferente. Uno de los personajes, Fagin, quien es la figura dominante del “submundo” se asocia con términos usualmente reservados para el demonio. Nancy, la prostituta, lo llama “demonio”; Sikes, otro ladrón, sugiere que Fagin viene directo desde el viejo infierno sin intermediarios; su misma apariencia representa la identificación: pelo rojo, apariencia villana y rostro repulsivo. No hay demonios encarnados en loros. Además, a diferencia de Un retrato... la atmósfera demoníaca y la convicción de maldad del mundo no se sostiene en toda la novela. Así, Oliver, al final, se incorpora a ese mundo antes cuestionado, con posibilidades de progreso y educación. Y aquí es donde podemos afirmar con Hamon que “el proyecto realista se identifica con el anhelo pedagógico de transmitir una información …en la que se debe evitar al máximo toda inferencia que vendría a perturbar la comunicación de esta información y transitividad del mensaje”. (16)

Ahora bien, teniendo en cuenta la lectura que Somers hace del texto de Dickens, a contramano de la legilibidad que el mismo texto instaura, nos preguntamos ¿En qué reside, entonces, el homenaje y la subversión de Somers?

Somers lee a Dickens como un hito más en esas historia del mal en el mundo, del castigo sobre el inocente que representa la historia de la humanidad. Hay todo un universo simbólico que posibilita expandir las posibilidades de representación de la realidad. Hay una necesidad de romper con las barreras represivas de una modalidad genérica y estética a partir de una modalidad discursiva de ruptura. Se complejiza una mirada convencionalizada de lo real sin abjurar de ciertos mensajes de la narrativa de denuncia realista. La imaginación, lo escatológico y lo fantástico también su lugar importante y su función en la denuncia de un sistema social injusto. He ahí la originalidad y la diferencia.

 

 

Referências Bibliográficas:

 

DICKENS, Charles. Oliver Twist. Barcelona, Editors, S.A., 1987.

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GENETTE, G. Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Madrid, Taurus, 1989

HAMON, Philippe. “Un discurso forzado”. En: Philippe Hamon. Un discours contraint in Litteratura et réalité, ouvr. Collectif. Paris. Edition du Seuil, 1982. P. 119-181. Présentation de Tztetan Todorov.

HOBSBAUM, Philip. A reader’s guide to Charles Dickens. London, Thames and Hudson, 1972/1977.

JACKSON, Rosemary. Fantasy. Literatura y subversión. Buenos Aires, Catálogos Editora, 1986.

JAMISON, H.R. Dickens. Oliver Twist, Notes. Canada, Coles Notes, 1965.

KERMODE, Franz. El sentido del final. Barcelona, Gedisa, 1983.

RUFINELLI, Jorge. “Historia de ángeles y demonios. Un retrato para Dickens”. En:

Marcha, 30, noviembre, 1970.

SOMERS, Armonía. “Respuestas a Wilfredo Penco”. En Revistas Noticias, Montevideo,1980.

SOMERS, Armonía. Un retrato para Dickens. Montevideo, Arca, 1969.

VISCA, Sergio Antonio. “Un enigmático dibujo (Sobre Un retrato para Dickens)”. En: El País, Montevideo, 11 de enero de 1970.

WILSON, Edmund. “Los dos scrooges”. En: La herida y el arco. México, FCEM.

WING, George. Dickens. Edinburgh, Oliver and Boyd, 1969.